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templarios del siglo pasado/ masones siglo XXI parte 2




LAS CRUZADAS
Las Cruzadas fueron un movimiento que duró dos siglos, que oficialmente buscaba recuperar los Santos Lugares de manos de los ‘Infieles’ musulmanes y proteger a los cristianos de Oriente. Esta llamado a la lucha fue realizada por el Papa Urbano II en el Concilio de Clermont Ferrand (1095) y se efectuaron entre los siglos XI y XIII. Específicamente se puede determinar como fecha de inicio la toma de la ciudad de Jerusalén (1071) que se encontraba bajo dominio del Califato Fatimí de Egipto. La finalización de las Cruzadas ocurre con la toma de la ciudad de Acre (1291) por las fuerzas islámicas.
 
Estas campañas militares no fueron solo contra los musulmanes, sino por el contrario, contra cristianos disidentes como los Cátaros, las fuerzas de opositores políticos como Federico II, el ataque al imperio cristiano bizantino y los pueblos paganos de la zona del Mar Báltico. En cierta forma, los ejércitos cruzados fueron el brazo armado de la política papal.
 
En 1054 el Cristianismo sufre el cisma entre la Iglesia de Roma y la Iglesia Ortodoxa griega. Lo sorprendente es que el Papa Urbano convoca las Cruzadas con el argumento de la defensa que se debía hacer de los cristianos de Oriente (ortodoxos griegos, armenios, sirios, coptos, etc.), que peligraban ante la amenaza de los turcos Selyucidas, que ya dominaban parte de Asia Menor.
 
Desde los tiempos primitivos de la Iglesia cristiana, sus fieles visitaron sus santuarios en Palestina. Al producirse la conquista de ésta por los árabes (637), el Califa Omar permitió que los cristianos continuaran con sus prácticas, sin obstaculizar en ningún sentido la devoción de los peregrinos, conformándose sólo con la imposición del tributo (Yiziah) para las gentes del Libro (Ahlul Al Kitab) que habitan en territorio islámico.
 
Es de destacar la tradición islámica en la cual se relata que el califa Omar, sucesor de Muhammad, entró en Jerusalén montando con un compañero en un solo caballo, cuestión que en los relatos se describe como una situación que fue confusa para los ciudadanos de la Ciudad Santa, ya que no sabían a quien debían rendir pleitesía. Este hecho explica el significado del sello templario de dos caballeros en un solo caballo.
 
El único antecedente de agresión a los cristianos, se había observado cuando el Califa Fatimí Al Hakim, que era mentalmente insano para la ley islámica, destruyó una parte de las instalaciones del Santo Sepulcro (1010), que fue reconstruido por los mismos musulmanes, que luego asesinaron a Al Hakim.
 
En relación con el origen de las Cruzadas, Franco Cardini nos dice: “Para unos, fue solamente la forma medieval de un inevitable conflicto armado entre Oriente y Occidente. Según otros, en las Cruzadas debe verse la reacción a la agresión musulmana contra Europa. Pero aquí la cronología no cuadra: en primer lugar, los musulmanes golpearon al mundo oriental mucho mas que al occidental; y, segundo, el impulso expansionista del Islam, muy fuerte entre los siglos VII y X, parecía agotado a finales del XI”.
 
Uno de los motivos principales para crear las Cruzadas eran las luchas intestinas entre los reyes europeos y las disputas religiosas. Finalmente, estas guerras fueron inevitables, ya que ante los desordenes y desviaciones de la Iglesia Católica Romana, el monje dominico Martín Lutero, escribe - en el año 1517 - sus ‘Noventa y Cinco Tesis’, en las cuales expone los errores de la Iglesia medieval, en relación a la Fe cristiana. Así se inician, las modernas guerras de religión dentro del seno del Cristianismo - entre católicos y protestantes - , que durarían siglos y desangrarían a toda la Europa.
 
Las cruzadas (1095-1270) debieron su nombre a la cruz que llevaban los soldados como distintivo en el pecho. Estas se sucedieron en número de ocho, cuatro a Palestina, dos a Egipto, una a Constantinopla y una al Norte de África.
 
Europa padecía hambrunas las cuales tuvieron en ocasiones prácticas de canibalismo, situación que desestabilizaba al poder político y religioso, debido a que muchas iglesias y monasterio con sus respectivas cosechas y crías de animales eran robadas y usurpadas. Esta cuestión se sumó al fervor religioso que dio el impulso necesario al pueblo para emprender la marcha a Tierra Santa. Consecuencia de lo anterior fue que la mayor parte de las personas que emprendían la marcha hacia Medio Oriente morían en el camino y muy pocos, los mejor preparados y alimentados, llegaban a destino para finalmente ser diezmados por los ejércitos Selyucidas.
 
La primer Cruzada (1095 – 1099) estuvo capitaneada por Pedro el Ermitaño; el núcleo central de esta cruzada fue otorgado a Godofredo de Bouillón. Pedro el Ermitaño, oriundo de Amiens, fue el primero en arengar a favor de las Cruzadas dentro de los estamentos más bajos. Antes de ser un personaje religioso había sido soldado, a diferencia de los reclutados que eran principalmente campesinos sin instrucción militar. Pedro llegó a Palestina donde colaboró con Godofredo de Bouillon en la toma de Jerusalén (1099), que fue realizada con un ejercito cristiano poderoso y formando en su mayoría por nobles y militares franceses, normandos, italianos, alemanes, valones y flamencos aunque se calcula que solo diez mil de los sesenta mil hombres que pelearon tenían el adecuado armamento.
 
Esta victoria fue posible por las disputas internas del mundo islámico. Por parte de los Selyucidas estaban dividido entre Irán, Alepo y Damasco tras la muerte del Sultán Malik (1092) y por otro lado el califato Fatimí del Cairo. Cuando el Islam se unió es notable ver el retroceso de los cruzados, gracias a figuras como Salah Ul Din (Saladino) y el Sultán Baibars.
 
La segunda cruzada fue predicada por Bernardo de Claraval y dirigida militarmente por Felipe IV de Francia y Conrado III, emperador de Alemania.
La tercera cruzada estuvo dirigida por tres reyes: Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra; Felipe Augusto, rey de Francia y Federico I Barba Roja, emperador de Alemania.
La cuarta cruzada fue organizada por los venecianos Contra la Constantinopla ortodoxa griega sede del Imperio Bizantino (1202 - 1204), con el objetivo de tomar el poder, para lo cual los propios cristianos asesinaron a sus hermanos y saquearon Constantinopla.
La Cruzada contra los Cataros (Puros) fue entre 1208 y 1224 en el sur de Francia. Los Cataros o Albigenses eran originarios del condado de Tolosa con influencia en Provenza y el Languedoc. Eran considerados por la Iglesia Católica Romana como herejes, ya que eran gnósticos y maniqueístas, creencias que afirman la existencia de un Dios del bien (predicado por Jesucristo en el nuevo testamento) que dominaba el plano espiritual y otro del Mal (Yaveh del antiguo testamento) que ejercía su poder en el plano material y estaba representado por la Iglesia Católica de la época que debía ser derrocada.
A su vez, creían en la reencarnación que dependería del estado espiritual de la persona, por lo tanto se podía volver como ser humano o animal dependiendo del estado evolutivo. Por lo anterior había que desprenderse de todos los bienes materiales y llevar una vida casta, ascética y pura. Se dividían en dos grados, los simples creyentes y los denominados ’Perfectos’ que habían pasado por el rito del bautismo del Espíritu Santo (Consolamentum).
El Papa Inocencio III designó a Simón de Montfort para realizar la cruzada contra los albigenses, que fueron aniquilados en sus fortalezas en Narbona, Montségur y Béziers en 1244 por la recién creada Inquisición.
La sexta cruzadas fueron realizadas por Andrés II de Hungría y Federico II de Alemania.
La séptima y octava cruzadas fueron organizadas y dirigidas por Luís, rey de Francia, que llegó hasta Chipre y bajó a Egipto, donde fue hecho prisionero. Al ser liberado, organizó la octava y última que dirigió en Túnez, donde murió debido a la peste. En esta época el Islam venía del período del Califato Omeya (659-750), seguido del Abbasí (desde 750) y culminado en el Califato de Córdoba (929-1031), tres períodos de esplendor, mientras que en Europa Occidental imperaba una época de oscuridad cultural.
Esto demuestra la falta de conciencia que se tenia de la función científica y bienhechora para Occidente que habían tenido los aportes del Islam. En esa época, El Islam era una luz intelectual, trasmitiendo sus conocimientos tanto en geografía, óptica, arquitectura como en agricultura, medicina, filosofía, literatura, astronomía, náutica y el álgebra, entre otras. A su vez, el aporte de descubrimientos de otras regiones desconocidas como el sistema decimal traído de la India o el papel desde la China. Es de destacar que Europa conoció el pensamiento griego gracias a la labor de las bibliotecas islámicas de Toledo y Palermo.
En palabras de Muhammad Asad:
“Lo que los Árabes habían hecho no era solo resucitar la antigua ciencia griega, habían creado un mundo científico propio enteramente nuevo, desarrollando vías de investigación y filosofía hasta entonces desconocidas. Todo esto fue trasmitido al mundo occidental por diversos canales; y no fue exagerado decir que la era científica moderna en que vivimos actualmente no se inicio en las ciudades de la Europa cristiana, sino en los Centros de la Cultura islámica de Damasco, Baghdad, Cairo, Córdoba, Nishapur y Samarcanda”.
En la época de las Cruzadas el mundo islámico se debió enfrentar tanto a los cruzados europeos como a los bizantinos y mongoles. Los turcos Selyucidas dominaron desde 1038 hasta 1194, su estructura era de tipo persa y con una forma de gobierno militarizada con soldados de todas las regiones de Asia Menor.

LA MISION SECRETA DE LOS TEMPLARIOS
“A partir de ese momento necesitaban de una organización fuerte y poderosa, con la que cumplir su verdadero objetivo, que intuyo era la formación de un Nuevo Orden sobre la Tierra, bajo las más puras enseñanzas del Cristo Redentor. Un reinado ecuménico de paz y justicia”...”La trascendencia de la misión necesitó, sin duda, de la existencia de Hermanos iniciados y Hermanos profanos. Unos y otros serviríanpara cumplir el objetivo y la nueva cobertura de la Orden: Las Cruzadas”.
Rafael M.´.M.´.
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