• juan berdugo

Jaguar y su coexistencia con comunidades indígenas en el sur de Colombia.


Jaguares en la ecología No solo las comunidades indígenas ven al jaguar como una especie de suma importancia. La ciencia confirma que es vital para la salud de la naturaleza y, por ende, la nuestra. Gracias a la investigación ecológica, ahora comprendemos las palabras del abuelo Herlinto cuando afirma que este animal cumple con un papel crucial para el bienestar de los ecosistemas. Además de regular las poblaciones de otros animales al ser el máximo depredador del continente, su necesidad de grandes extensiones de territorio para subsistir lo convierten en una especie sombrilla, es decir, una especie que, al ser protegida, conserva el hábitat de otros cientos de especies que comparten su hogar. En otras palabras, si el jaguar está sano, su ecosistema y el resto de especies que habitan allí, lo están. Sin embargo, el estado de esta especie es preocupante y no tan alejado del de los grandes felinos en África o Asia. Según datos recopilados por Fundación Panthera, el jaguar ha desaparecido de más del 40% de su territorio original en Latinoamérica y se encuentra extinto en países como El Salvador y Uruguay. En Colombia, el área de distribución de la especie ha disminuido un 39%, aproximadamente. Aunque hay múltiples factores que comparten la responsabilidad de esta catástrofe, entre las principales razones se encuentra el conflicto con los seres humanos. Según el informe Un futuro para todos: la necesidad de coexistir con la vida silvestre, realizado por WWF y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, de las más de 260 especies de vertebrados terrestres que han tenido interacciones negativas con las personas, 53 están amenazadas, entre ellas, el jaguar. Ya sea por el crecimiento de la frontera agropecuaria, la minería o la explotación de madera o minerales, este felino se está quedando sin las extensiones de bosques necesarias para sobrevivir, lo que genera conflictos entre la especie y las personas, en donde casi siempre los jaguares son los principales afectados. Siguiendo los datos del informe, las muertes de animales relacionadas por una interacción negativa entre fauna y seres humanos corresponden al 75% de las especies de felinos silvestres del mundo, así como muchas otras especies de carnívoros terrestres y marinos, y grandes herbívoros como los elefantes.Las comunidades indígenas saben coexistir con ellos El panorama no es tan desalentador como parece. El ejemplo de los Murui-Muina, u otros como el de los Nanai y Udege del lejano Oriente ruso con los tigres de Amur, o la cultura hindú del sur de Asia y los elefantes, demuestran que no todas las relaciones entre humanos y vida silvestre son conflictivas. Por el contrario, estos casos son evidencia de que reducir los conflictos entre humanos y vida salvaje es posible. “Si nos ponemos a ver los lugares en donde aún existen bosques que cumplen funciones ecosistémicas, con altos niveles de biodiversidad, seguramente encontraremos que muchos de ellos están en territorios indígenas y otras comunidades locales. Esto debe indicarnos que algo están haciendo bien a diferencia del mundo occidental. Nuestra tarea entonces es descubrir qué es para aprender de ellos. De lo contrario, los ecosistemas y la biodiversidad del planeta seguirán estando en juego” explica Jaime Cabrera.

Hoy, más del 91% de los territorios de pueblos indígenas y comunidades locales están ecológicamente en buen estado y cubren al menos el 36 % de las Áreas Claves para la Biodiversidad (ACB) a nivel global, según el informe El estado de las tierras y territorios de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales, desarrollado por varias organizaciones internacionales de renombre como Conservación International (CI), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN); la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS), el Instituto de Recursos Mundiales (WRI) y WWF , con el acompañamiento de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), entre otros. En el caso de la comunidad de Umancia, los más recientes resultados de la investigación que ellos mismos han realizado, con apoyo de científicos, demuestra que su territorio es un refugio para los jaguares de la región. Al menos seis ejemplares transitaban por la zona en 2019 —un número muy similar al de los jaguares registrados en otros dos procesos de monitoreo llevados a cabo por WWF, en dos áreas protegidas en Perú y en Ecuador— y actualmente, aunque el proceso de monitoreo avanza lentamente, Juan y Herlinto esperan reconocer a varios de estos especímenes en las nuevas imágenes que arrojen las cámaras trampa. “Los reconocemos por la pinta. A uno, por ejemplo, lo reconocemos porque tiene como un ocho en la costilla y siempre se la pasa por aquí” explica Herlinto. Juan Fusiamena, coordinador del equipo de monitores locales en Umancia © Luis Barreto - WWF Colombia Los monitores locales, junto al equipo técnico de WWF Colombia, revisando las imágenes de una de las cámaras trampa. © Luis Barreto - WWF Colombia Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el jaguar se encuentra “Casi Amenazado". La pérdida de hábitat y los conflictos con humanos figuran dentro de las principales causas. © Aline Santana da Hora - WWF Brasil Investigadores locales y el equipo de WWF Colombia

en Umancia. © Luis Barreto - WWF Colombia


nota tomada de : https://www.wwf.org.co/?uNewsID=368610

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